Vas recorriendo a solas
el jardín,
despacio y sin cuidados,
mientras el verso fluye
entre la niebla
y el asomo lejano
de la luz.
Todo lo que vas viendo
te sorprende.
¿Qué puedes esperar
más que lo inesperado?
Que las hierbas que pisas
son carne de tu carne.
Que la luna saldrá
cuando tú se lo digas.
Que no hay diferencias
entre el jardín y tú.
Caminas muy despacio
para que todo pueda
sorprenderte.
Y te vas alejando,
tanto que, ya incapaz
el verso de seguirte,
se detiene.
Cómo minar el ánimo de un buen estudiante
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Hace poco me ha pasado algo que me ha hecho revivir una antigua
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Hace 12 años