"Colocó su chisporroteante vela y decidió leer. "Solo con libros, una vez más. -De repente sonrió-. ¿Una vez más? No, por fin..."
Un libro no era nunca una "lectura". Allí, como en todas partes, el lenguaje traicionaba la verdadera naturaleza de la actividad. Decir que un libro era lectura era cometer el mismo error que el jugador que se pavoneava por sus ganancias, como si las hubiera tomado por la fuerza o gracias a su resolución. Lanzar las fichas numeradas era agarrarse a un momento de impotencia, nada más. Pero abrir un libro era una apuesta mucho más profunda. Abrir un libro no era solo agarrarse a un momento de impotencia, no solo renunciar a un puñado de celosos latidos del corazón por el rumbo de la quilla de otro hombre, era permitirse ser escrito. Porque, ¿qué era un libro sino una larga rendición consecutiva a los movimientos del alma de otro?
Achamian no podía pensar en ningún abandono del yo más profundo.
Leyó, fue llevado a la risa por las ironías de hombres que llevaban mil años muertos y a la reflexión por afirmaciones y esperanzas que habían sobrevivido con mucho la era de su escritura.
No recordaba haberse quedado dormido."
Cómo minar el ánimo de un buen estudiante
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Hace poco me ha pasado algo que me ha hecho revivir una antigua
experiencia. Esta anécdota pasó hace ya casi 10 años y me hizo odiar la
geografía durante a...
Hace 12 años